
Sandra la aullina a cosechar va a los maizales
Aunque no tiene ni una chacra paupérrima
Cree que es San Santiago dueño de los andenes
Y que ella cosecha en un campo divino.
La sombra del maizal su cuerpo acaricia,
Baña de placer su piel mestiza,
Goza de alivio su figura de princesa andina,
Y la fatiga no se muestra en su labor
Johann se ha recostado en el verde gras
El maizal es un mundo infinito,
Desde el rió hasta donde el descansa
Que la abundancia ha oscurecido el sendero
Y en el mundo del grano la Sandra aullina
Viene, cosechando, a encontrar su camino.
Johann observo a Sandra, y a los recolectores
Dijo: “dejad que recoja confiada…”
Y sonrieron los cosechadores,
Observando del joven su atónita mirada.
Eran sus cabellos negros como la oscura noche,
Sus ojos tiernos, jugaban con su breve sonrisa
Su voz recorría de prado en prados
Pero podía hechizar a las mujeres con su canto
Sandra lo miro de los pies a los ojos,
Y fue su mirada saturada que bajaba,
Como el que toma un fuerte aguardiente…
Al retornar al pueblo, los campesinos
Que ella encontró la vieron estremecida,
Pero en su sueño Johann fue su esposo…

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